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Volver a Mirarnos


11 Septiembre 2026
Daniel Sotelo

Cuando el Trabajo Recupera su Sentido y la Comunidad le Gana al Odio

El capitalismo contemporáneo atraviesa una mutación profunda. En las últimas décadas, el eje de gravedad de la economía mundial se desplazó de la producción material y el esfuerzo cotidiano hacia la abstracción pura de la especulación financiera. En este tablero, el trabajo asalariado —ese que dignifica y ordena la vida familiar y comunitaria— ha perdido sentido y peso real frente a la ganancia rápida y virtual.
La consecuencia directa es una sociedad fragmentada, habitada por subjetividades cada vez más aisladas. Y aunque sabíamos que íbamos camino a esta fragmentación —y a pesar de las advertencias que la propia naturaleza nos recuerda con su furia—, como especie no fuimos capaces de evitar repetir los errores del pasado.
Hoy, este escenario se despliega desde lo virtual, pero se vive con una intensidad dramática en las extensas geografías de la población más vulnerable y postergada.

Tomando como espejo las reflexiones del pensamiento humanista histórico y los documentos recientes del magisterio papal —que advierten cómo el progreso técnico y económico sin rostro humano aplasta la dignidad de la persona—, es posible leer este fenómeno como una crisis espiritual y política de proporciones monumentales.

El laberinto del individualismo y el descarte

Cuando el mercado financiero gobierna, la vida humana se mercantiliza por completo. El sistema empuja hacia un individualismo radical donde el éxito o el fracaso se reducen a una supuesta "responsabilidad meritocrática" individual. Si el salario no alcanza y el futuro es una incógnita, la culpa recae falsamente sobre las espaldas del trabajador.

Este aislamiento sistemático desarma los cuerpos intermedios —los sindicatos, los clubes de barrio, las comunidades de fe o vecinales— que históricamente sirvieron de trinchera frente a los abusos del capital. Al romper esos lazos de solidaridad, el capitalismo financiero genera una masa de individuos solos, hiperconectados a las pantallas pero profundamente desconectados de su entorno real.

La fábrica del enemigo: cómo el sesgo de la anti política alimenta la industria del odio 

En este escenario de angustia e incertidumbre económica es donde opera con eficacia la nueva derecha global y sus aparatos de comunicación. Ante la imposibilidad —o la complicidad— de cuestionar los verdaderos centros del poder financiero que exprimen la economía real, los sectores reaccionarios necesitan desviar el foco de la bronca popular.
Reencauzan esa rabia hacia sus adversarios políticos y militantes sociales, a quienes saben que no podrán doblegar; y muestran el desastre que ellos mismos produjeron como si fuera una consecuencia inevitable de «lo heredado», incluso cuando el presente que imponen supera ampliamente la crisis que dicen haber recibido.

Aquí entra en juego la construcción sistemática del odio. Los algoritmos y los medios concentrados exacerban la lógica de "salvación individual" enfrentada al otro: el migrante, el trabajador informal, las minorías o el Estado entendido meramente como un estorbo.

Se trata de una manipulación afectiva perfecta. En lugar de mirar hacia arriba para interpelar a los grandes especuladores que concentran la riqueza, se induce al pueblo a mirar hacia el costado y golpear al vecino. El odio, cultivado digitalmente, se convierte así en un subproducto altamente rentable para mantener intactas las estructuras del privilegio económico.

Menos pantalla, más comunidad

Frente a la deshumanización de la especulación y el veneno de la polarización virtual, la salida no puede ser otra que la reconstrucción de lo concreto. Las encíclicas sociales insisten machaconamente en que la calidad de una civilización se mide por su capacidad de reconocer un rostro en el otro. Magnifica Humanitas- 114
Recuperar el sentido del trabajo implica volver a poner el esfuerzo humano, la cooperación y la producción local en el centro. Y eso exige un ejercicio de soberanía afectiva y política:

Apagar los dispositivos, frenar la dinámica del algoritmo que enciende la rabia, y reencontrarse alrededor de una mesa compartida
- no para demonizar la tecnología de la que tantos emprendedores y trabajadores excluidos dependen para sobrevivir, sino para aprender a usarla con libertad y discernimiento- es el primer paso para recuperar el pulso de la comunidad real
.

Menos celular y más mates mirando a los ojos; reconstruir el tejido barrial, la economía popular de trueque y la discusión cara a cara.

Solo recuperando el pulso de la comunidad real y desarmando las palabras del odio se le puede retorcer el cuello a esta lógica de soledad
y finanzas que nos quiere de rodillas
.

Latinoamérica y el Evangelio contra el descarte: El Latido Comunitario en cada Giro de la Historia

Desde nuestra perspectiva latinoamericana, el impacto del capitalismo financiero y del individualismo radical se siente con una crudeza particular. Nuestra historia está marcada por cicatrices profundas donde la especulación global siempre terminó ajustándose sobre las espaldas de los sectores populares. Frente a esta realidad, la voz del Papa —en sintonía con las advertencias del magisterio social y documentos recientes sobre la custodia de la persona humana frente a los nuevos poderes tecnocráticos— nos convoca a no ser espectadores pasivos, sino una Iglesia "en salida", metida en el barro de la historia y de la comunidad.
Para nosotros, los miembros de la comunidad eclesial insertos en lo cotidiano, el gran desafío es el discernimiento pastoral y político frente a compañeros de ruta y hermanos de fe que, a veces arrastrados por el desánimo o por el algoritmo, abrazan discursos que exudan odio y promueven la ley del más fuerte. ¿Cómo aportar y advertir sin caer en la descalificación, sino desde el testimonio?

  • Desenmascarar la contradicción evangélica: Es necesario recordarnos mutuamente que ningún discurso político que fomente el descarte, la xenofobia, el desprecio por el trabajador informal o la destrucción de los bienes comunes puede llamarse cristiano. El Evangelio es radicalmente comunitario: se fundamenta en el prójimo, no en el competidor al que hay que aplastar.
  • Recuperar la memoria de la Doctrina Social: Frente a la falacia de la meritocracia individualista, la Iglesia ofrece una tradición sólida basada en la justicia social, el destino universal de los bienes y la primacía del trabajo humano por sobre el capital financiero. Hay que bajar esos conceptos a las charlas de café, a las parroquias y a los sindicatos.
  • Ejercitar la fraternidad de cercanía: La advertencia al compañero no nace de la trinchera ideológica, sino del vínculo afectivo del dar la mano, de estar atento al otro más cercano. Así como el sistema nos quiere atados a la pantalla consumiendo odio, el mandato cristiano es la mesa compartida, la escucha paciente de la bronca real del otro para ayudarle a descubrir quién es el verdadero causante de su miseria.

Apagar la pantalla, salir al encuentro del hermano y poner el Evangelio en las heridas de nuestra América no es solo una opción pastoral:
es el único camino urgente para reconstruir la esperanza colectiva y devolverle dignidad a nuestro trabajo.

"Quizás la clave para atravesar este tiempo de soledades no sea inventar nada nuevo, sino rescatar las mejores marcas de nuestra historia. Volver la mirada a la experiencia de aquellas Comunidades Eclesiales de Base en nuestra América —donde miles de latinoamericanos tomaron conciencia de su realidad, algunos desde la reflexión política y otros desde el Evangelio, en una dinámica que transformó profundamente su forma de vivir y relacionarse— que nos enseña que el antídoto contra el individualismo y el odio nunca es la atomización, sino la comunidad organizada. Recuperar esa mística de cercanía, donde la fe y la vida se abrazan en el barro de lo cotidiano, es hoy el camino más urgente para volver a ser dueños de nuestro destino."

 

 

Las referencias documentales y magisteriales que fundamentan el artículo son las siguientes:

  • Documento Base del Magisterio:
    • Papa León XIV, Carta Encíclica Magnifica Humanitas (Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la tecnocracia, la inteligencia artificial y los sistemas económicos globales), firmada el 15 de mayo y publicada el 25 de mayo de 2026.
  • Ejes Conceptuales Citados de la Encíclica:
    • Introducción y Dimensión Antropológica: La disyuntiva histórica entre un modelo de desarrollo autosuficiente e inhumano (simbolizado en la Torre de Babel) frente a la responsabilidad compartida y la comunión.
    • Capítulo I y II (Doctrina Social de la Iglesia): La primacía de la dignidad inalienable de la persona, el principio del bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la centralidad del trabajo humano frente a los desvíos deshumanizantes del mercado financiero.
    • Ética de la Comunicación y la Política: Las advertencias sobre la desinformación, la manipulación del imaginario colectivo a través de algoritmos y la necesidad urgente de "desarmar las palabras" y cultivar una ecología de la comunicación frente a los discursos de odio.